Trastero o sala de cine: ¿qué valoran realmente los nuevos residentes?

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La transformación del mercado inmobiliario en España está reconfigurando las prioridades de diseño y uso de las viviendas. El auge del alquiler por habitaciones, el crecimiento de modelos como el Build-to-Rent (BTR) y el co-living, así como la sofisticación de las promociones de lujo, están poniendo sobre la mesa una pregunta crucial: ¿Tienen sentido los espacios comunes en las viviendas actuales o estamos forzando una “comunidad” que no termina de consolidarse?

El salón que desaparece: el caso del alquiler por habitaciones

El artículo de The Objective revela una tendencia que no pasa desapercibida: la eliminación del salón en pisos compartidos para ganar una habitación adicional. En palabras de Alberto Añaños, CEO de Live4Life, «el salón puede convertirse en un foco de conflicto o en un espacio infrautilizado». Según sus datos, el 80% de los estudiantes hoy prefieren alquilar habitaciones individuales en lugar de pisos completos, una proporción que hace ocho años era prácticamente residual.

Además, la modificación de la vivienda para su alquiler por habitaciones puede aumentar la rentabilidad del propietario hasta un 33% en algunos casos, con la ventaja de que el coste de la reforma es relativamente bajo.

Sin embargo, este modelo no está exento de riesgos: multiplicar los contratos incrementa la posibilidad de vacantes parciales y genera una convivencia más frágil.

BTR y co-living: ¿espacios compartidos como reclamo o necesidad?

En el segmento Build-to-Rent y co-living, la inversión en zonas comunes se ha convertido en un sello distintivo. Gimnasios, coworkings, rooftops, zonas verdes, cocinas comunitarias y hasta salas de cine privadas forman parte del catálogo habitual. Estas amenities buscan:

  • Diferenciar producto en un mercado competitivo.
  • Justificar rentas superiores a la media.
  • Fomentar la interacción entre residentes.

Pero la evidencia muestra un panorama mixto. Mientras que en ciertos nichos de población (jóvenes profesionales, nómadas digitales, estudiantes internacionales) la comunidad sí se percibe como un valor añadido, para muchos otros usuarios estos espacios son accesorios, cuando no directamente prescindibles.

En mercados maduros como Londres o Nueva York ya se habla de “amenity fatigue”: servicios infrautilizados que, pese a elevar las cuotas de comunidad, permanecen vacíos gran parte del tiempo.

Vivienda de lujo: el exceso de amenities como símbolo de estatus

En promociones de alta gama, la tendencia apunta en la dirección contraria. No solo no se eliminan espacios comunes, sino que se multiplican. Desde wine rooms hasta salas de yoga, pasando por simuladores de golf y piscinas infinity, los desarrolladores de lujo buscan crear una experiencia “resort” dentro de los edificios residenciales.

Un informe reciente de Knight Frank señala que un 40% de los compradores internacionales valora las zonas comunes como un factor decisivo. Sin embargo, el comprador local suele mostrar una preferencia clara: más metros cuadrados privados, terrazas amplias y trasteros individuales.

Trastero o sala de cine: una cuestión de prioridades

La pregunta clave es: ¿qué aporta más valor real al residente?

  • 📦 Un trastero individual o un espacio de almacenamiento extra responde a una necesidad cotidiana en viviendas de menor superficie.
  • 🎥 Una sala de cine compartida o un lounge comunitario puede ser atractivo en el folleto comercial, pero su uso efectivo rara vez compensa el coste de mantenimiento.

En un contexto donde el precio del metro cuadrado sigue al alza y la superficie media de las viviendas se reduce, cada metro destinado a zonas comunes es un metro menos para la vida privada.

¿Moda pasajera o tendencia consolidada?

El espíritu de comunidad no es una moda vacía. Existe una necesidad real de conexión en sociedades urbanas cada vez más individualizadas. Sin embargo, trasladar esta aspiración al diseño residencial requiere:
✔️ Una gestión activa de las comunidades.
✔️ Curación de perfiles para garantizar la compatibilidad de los residentes.
✔️ Servicios que respondan a usos concretos y no solo a estrategias de marketing.

Sin estos elementos, el riesgo es evidente: crear “amenities fantasma” que aumentan costes y reducen la eficiencia de las viviendas.

Reflexión final

“En un momento en el que la escasez de vivienda asequible y los desafíos medioambientales marcan la agenda, debemos preguntarnos si tiene sentido seguir construyendo espacios que no reflejan las verdaderas necesidades de quienes los habitan. Diseñar viviendas adaptadas a las nuevas formas de vivir implica priorizar la habitabilidad, la sostenibilidad y la flexibilidad por encima del espectáculo.”

En UVE Valoraciones, creemos que el futuro del diseño residencial debe basarse en datos y en la observación honesta de las tendencias sociales. Solo así se podrán crear activos resilientes y alineados con la evolución del mercado.

📖 Lee también el artículo completo en The Objective: El ‘boom’ del alquiler por habitaciones provoca la desaparición del salón en los inmuebles

Cualquier información adicional que necesitéis podéis escribirnos un email a uve@v-valoraciones.es

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